El grado de contaminación del aire ha aumentado un treinta por ciento en Portugal desde el pasado 2 de enero, especialmente en las ciudades de Bragança, Guarda, Castelo Branco, Portalegre, Évora, Beja y Faro.
Los españoles fumadores, considerados unos apestados sociales en los lugares públicos y obligados a fumar fuera de los locales, cada vez han tenido que alejarse más de las puertas de los bares por las quejas de los transeúntes que pasean por la calle. Ante estas protestas, Zapatero ha incluido en la ley antitabaco una nueva cláusula que obliga a mirar al oeste después de cada calada.
"Estamos muy orgullosos porque hemos conseguido que las calles ya sólo huelan a tortilla", ha explicado un no fumador a un enviado especial de Gonzalices en la zona.
Por su parte los portugueses, que piensan que han sido castigados por haber repetido durante tantas generaciones el falso dicho de que de España nunca llegan buenos vientos, continúan preocupados por desconocer aún el verdadero motivo de este fenómeno.
Sem comentários:
Enviar um comentário