El primer ministro de Portugal aprovechó la pausa para un café en medio de la Cumbre de Lisboa del año pasado para entregar a José Luis Rodríguez Zapatero el borrador de una demanda que el país luso amenaza con presentar ante los tribunales en caso de que sus vecinos continúen con su manía de hablar a gritos.
El documento recoge las firmas de tres millones de vecinos, especialmente de las zonas de frontera, que solicitan una bajada "urgente" en los decibelios, así como lograr que la sanidad española recoja entre sus operaciones gratuitas la de inflamar ligeramente las cuerdas vocales de sus "hermanos" a fin de provocar una afonía crónica que los deje vivir tranquilos.
"La costumbre y la tradición histórica ha motivado que a lo largo de los siglos ambas poblaciones hayan evolucionado de distinta forma: mientras que unos son capaces de oir voces a través de la frontera, los otros cada vez tienen que hablar más alto debido a que tienen el oído acostumbrado a generaciones y generaciones de gritos", ha confirmado a Gonzalices un médico especialista en otorrinolaringología peninsular.
Zapatero, por su parte, se ha visto obligado a lanzar el mensaje a través las televisiones españolas con su voz acompañada de subtítulos, debido a que en la mayoría de las casas las voces de las familias son más fuertes que los altavoces de estos aparatos.
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